Flamenco en Málaga
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Nota sobre la Peña Flamenca Juan Breva de uno de sus Fundadores

En el mes de octubre del año 1958 se constituye la Peña Juan Breva por la unión o integración de varios grupos de aficionados malagueños al cante flamenco.
Unos meses antes, un gran aficionado aloreño llamado José Navarro Rodríguez, de vuelta a Málaga tras sus avatares profesionales, había dado una conferencia sobre cante flamenco en un amplio local que hubo en la carretera de Cádiz (hoy Héroe Sostoa) llamado Bar Casa Bueno.
Acudieron muchos aficionados de todo Málaga entre los que estaban don Francisco Bejarano Robles, el magistrado don Manuel Carrión Bracho, Ángel Caffarena Such y un buen número de trabajadores de la Renfe vecinos de aquel barrio conocido por La Isla.
Al término de la conferencia, contagiados los presentes del entusiasmo del conferenciante, se concertaron para crear en Málaga una peña flamenca que los acogiera a todos, acabando con la dispersión que entonces reinaba entre ellos.
La cosa, como tantas veces ocurre, no hubiera pasado de las buenas intenciones a no ser por la apasionada personalidad de Pepe Navarro, que desde entonces se dedicó a unir los aficionados dispersos conectando especialmente con don Francisco Bejarano y conmigo.
Nos unía a Pepe y a mí una buena amistad tras habernos conocido en Granada años atrás en la primitiva peña La Platería. Al dejar Granada los dos, él estuvo en Madrid unos años y yo, terminada mi carrera, me vine a Málaga. Pero en su vuelta a Málaga no coincidió conmigo por hallarme fuera haciendo las prácticas de la milicia universitaria. Por eso no estuve en la referida conferencia del Bar Casa Bueno.
Durante el mes de septiembre fueron progresando los afanes de Pepe Navarro hasta que cuajaron en una reunión entre todos los interesados en su proyecto, que tuvo lugar en el piso alto de Casa Carrera, uno de los bares del Pasaje de Chinitas, el jueves día 2 de octubre de 1958.
Acudimos allí: don Francisco Bejarano, don Miguel Cabello, de Coín, los veleños don Ricardo Torres y don Juan de la Cruz Giner, don Rafael Doña, don Indalecio López Cózar, Pepe Navarro y yo.
Al tratar la denominación que había de dársele a la nueva peña se acordó unánimemente llamarla “Peña Juan Breva”. Pero habiéndonos advertido Pepe Navarro de la existencia de una tertulia que se reunía bajo este mismo nombre en la cercana taberna de Casa Prada (calle Molina Lario), don Francisco Bejarano, asiduo integrante de aquella reunión, manifestó que sus contertulios no tenían inconveniente en ceder dicha denominación ya que la de ellos era “una reunión informal y no pretendían otra cosa que pasar el rato”.
Inteligentemente don Francisco prefirió confiar el nombre de su admirado cantaor a una asociación que empezaba con ambición de futuro y que lógicamente encumbraría y difundiría mejor la figura y el nombre de Juan Breva.
Se habló de redactar unos estatutos y, antes de levantarnos de aquella eufórica asamblea, se acordó, para aprovechar el buen ánimo que allí reinó, tener la primera reunión de la Peña Juan Breva a los dos días en Casa Luna, otra taberna sita en calle Granada, donde fijaríamos nuestro domicilio.
Al sábado siguiente, día cuatro, acudimos a Casa Luna y allí se unieron a los del primer encuentro varios buenos aficionados que ya conocían la flamenca iniciativa. Recuerdo a Salvador Marina, Pedro José Ron, Alfonso Queipo de Llano, Rafael Lasso de la Vega, Enrique Crooke y Francisco Montoro (grupo de los jóvenes aficionados que ya se hacían notar), Antonio Villodre, Fernando Medina y Cayetano Jiménez, que con Rafael Doña provenían del grupo de la Renfe, y Francisco Santoro, Juan Fresneda, Rufino García Quintana, Lorenzo Corpas y Marcelino Zorzano.
Por aquellos primeros días nos encontramos con el inconveniente que suponía nuestra coincidencia en el reservado de Casa Luna con otra peña, de canaricultores, que también se reunía allí el mismo día casi a la misma hora pero desde mucho antes que nosotros. El problema se resolvió amigablemente con la mediación del dueño del local, Emilio Sánchez Pérez, que facilitó otra hora para la tertulia de los canaricultores, los cuales, sabiendo que nosotros bebíamos más, se sacrificaron pensando en el beneficio del tabernero.
Nosotros, mientras el asunto se resolvía estuvimos reuniéndonos algunos sábados en un salón del Círculo Mercantil a instancia de don Indalecio López Cózar que también pertenecía al histórico casino malagueño. Pero este cambio provocó una diáspora entre los socios, peligrosísima en aquellos momentos iniciales, que nos hizo volver con urgencia a Casa Luna.
Ya, normalizada la situación y cada vez más consolidada, recuperamos el ritmo habitual en cuanto a asistencias y al contenido de las reuniones consistente éste en escuchar discos de cantaores flamencos, comentarlos, y luego intentar imitarlos. Esto último debido a lo bebido.
Poco a poco, al paso de las semanas habían ido incorporándose a la Peña Juan Breva varios artistas y aficionados conforme iban conociendo su existencia. Así ingresaron en el grupo: Manolillo el Herraor, Adolfo el Cuchillero, Diego el Perote, Breva Chico, Adrián Westendorp, Paco Amador, Pepe García Navas, Pepe Hidalgo, Eugenio Chicano, José A. Luque Carmona, Ángel de Álora, Gonzalo Rojo, Salvador López, y un destacamento femenino formado por Charito Rivero, Maribel Luque, Angelita Crooke, Rosa Mari Coll y María Matilde García Carazo.
Para entonces yo había redactado ya la parte programática de los estatutos que expuse a la concurrencia con general aprobación. Así es que don Francisco Bejarano me dio el encargo de completar nuestras normas, proponiéndome previsoramente vernos con alguna frecuencia en su oficina del Archivo Municipal para supervisar (él dijo: comentar) la marcha de mis trabajos, cosa que acepté de muy buen grado porque para mí don Francisco siempre ha sido el maestro ideal.
Pero como también había que dar señales de vida ante la sociedad malagueña, aprovechamos un recital que por aquellos días daba Fosforito en el Teatro Royal, y allá nos fuimos en corporación haciéndonos notar. Fue el primer acto público de la Peña Juan Breva.
Meses más tarde, ya en 1959, recibimos la visita de una delegación de aficionados veleños presidida por José Méndez Hoyos que, conociendo ya nuestra existencia, nos pidieron colaboración para organizar un concurso de cante en Vélez-Málaga. El concurso había de celebrarse entre los actos de la Veladilla del Carmen de la capital ajarqueña; de modo que preparamos las bases primero y constituimos el jurado después. Y así tuvo lugar el día 15 de julio el “Concurso provincial de Cante”.

José Luque Navajas

Tomado de la web www.juanbreva.com

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1 Antonio miércoles 24 de septiembre de 2008 04:01:06
tonigmartin@ya.com
  Corría el año 1968 y entré en la peña con mi padre. Yo tendría entonces unos 16 años. Me cautivó el aire que allí se desprendía; una guitarra apoyada en una silla tocaba para mí por seguiriyas. Han pasaso 40 años y todavía tengo su toque en mi recuerdo.
Gracias Don José Luque.
 
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