Flamenco en Málaga
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Han sido escasas las muestras sobre flamenco, sobre todo aquellas que no nacen al abrigo de un congreso o un ciclo de conferencias, y además, a veces se trata de miradas poco científicas, que se acercan más a lo costumbrista y folclórico, dando lugar a interpretaciones erróneas que han hecho mucho daño al Flamenco. Con ello no señalamos que sean propuestas inexactas, pero la presentación de éstas mostrando a su vez el Flamenco desde un único estadio o temática expositiva; puede incidir en una peligrosa asociación.
La fortuna crítica que acarrea en las últimas décadas el Flamenco permite reseñar el gran nivel de cientifismo y ortodoxia investigadora que se está alcanzando. Sin duda, incide el clima de multidisciplinariedad que alberga la investigación en el campo de las Humanidades. No menos importante desde la óptica científica, y desde la propia supervivencia del Flamenco, es la elaboración de las sucesivas leyes acerca de patrimonio histórico, tanto del Estado (1985) como, muy especialmente, la de la Junta de Andalucía (1991).
El Flamenco, cuyos primeros datos conocidos datan del siglo XVIII, es, por tanto, propio del pueblo, en este caso el andaluz y tiene categoría artística, que precisa, como todo arte, un divulgación y conservación.
Por consiguiente, forma parte de nuestro patrimonio, concretamente y por sus características, del patrimonio etnográfico andaluz y puede acogerse a la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía de 1991, la cual contempla una serie de posibilidades –Inventario de Bienes de Interés Etnológico, Catálogo de Patrimonio Histórico de Andalucía, declaración como Bien de Interés Cultural, expresiones culturales de carácter tradicional- que vienen a ampliar el abanico que presentaba la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985. Estas figuras obligan a una pormenorizada investigación y catalogación que permita lo aprehendido por la sociedad como patrimonio llegue a cumplir las normativas y especificidades para su protección.
Lo que hoy disfrutamos es la tercera de las exposiciones que organiza la Peña Juan Breva sobre sus fondos. La primera tuvo lugar al cumplir sus bodas de plata (1983) y la segunda, en la muestra El Flamenco y los Toros de la Excma. Diputación de Málaga (1997). Esta tercera, Memorias del Flamenco: Fondos de la Peña Juan Breva, viene a presentarnos una amplia colección de documentos (gráficos, literarios, artísticos...) y rarezas que han sido recopiladas a lo largo de su devenir, siguiendo un criterio científico, o cuanto menos aséptico, en la presentación de las piezas que componen esta muestra, potenciando la seriedad del Flamenco.
Desde su fundación, un dos de Octubre de 1958, la Peña Juan Breva buscó conformar un legado universal y variado, ejerciendo una doble acción, recopiladora por un lado, y creativa por otro.
En cuanto a la primera, una de las prioridades ha sido la formación de un museo flamenco. Para ello, su labor a sido incesante, tocando diferentes ámbitos, según una visión multidisciplinar que aglutinase piezas de muy distinta índole: artísticas, bien creadas, bien donadas por artistas, bien adquiridas por la Peña; documentales, reuniendo una amplia colección de prospectos de espectáculos datados desde fines del siglo XIX, entre otros documentos de interés histórico-artístico; tecnológicas, en forma de aparatos de sonido compatibles con el fondo discográfico, como fonógrafos de Edison, gramolas, tocadiscos, etc.
Objetuales, como son los pertenecientes a figuras de relevancia del mundo del flamenco (mantoncillo de “La Repompa”, botines de Antonio, bastón de Don Antonio Chacón...); discográficas, sin duda de las colecciones más ricas de nuestro país –alrededor de 5.000 piezas- con raros ejemplares tanto en forma (de cilindros de cera, pasando por los discos de pizarra y de vinilo, hasta el actual compact disc) como en contenido; fotografías originales de artistas de todas las épocas del Flamenco, dedicadas y firmadas en su mayoría por los mismos, así como de acontecimientos e hitos flamencos; de guitarras, de las mejores escuelas, como la de Joseph Martínez de 1792 y la de Agustín Caro de 1803. La guitarra española del Metropolitan Museum de Nueva York y el Museo Municipal de Madrid en 1991 y 1992, así como aquéllas que fueron propiedad de figuras como Juan Breva “El Piyayo” o Vargas Araceli Esta labor dio su fruto, permitiendo que en 1974 se pudiese inaugurar el Museo Flamenco de la Peña Juan Breva, verdadero acontecimiento, tanto por tratarse del único existente de su tipología, como por la dificultad añadidad de no contar con patrocinio público ni privado.
En cuanto a la segunda línea de acción a la que antes nos referíamos, la creativa, otorga un gran peso a la Peña Juan Breva. Esta línea cuenta con diversos frentes: los concursos, las semanas de estudios, la Moraga Flamenca en honor a Juan Breva, la producción cartelística derivada de ello, la difusión mediática con Bandolá -difusión del Flamenco, que no de la Peña- o la docencia. Todos ellos vienen a cubrir los ámbitos promulgados en sus tres máximas, recogidas en sus estatutos:
Seguir aprendiendo. Esta sentencia, resulta esclarecedora del espíritu que rige a la Peña desde sus comienzos. El Flamenco es una materia extensa, con grandes lagunas que se salvan con hipótesis y atribuciones nunca cerradas, que propician el debate e incitan al estudio, a la investigación.
Esta circunstancia está siempre presente entre los entendidos y aficionados de la Peña Juan Breva, y en este afán por conocer otras opiniones y las nuevas investigaciones, en 1963 se crea la I Semana de Estudios Flamencos, con Caballero Bonald y Edgar Neville, Ricardo Molina, Antonio Mairena entre otras personalidades. Esta iniciativa fue muy bien acogida, contando con cuatro ediciones más, hasta 1970.
En 1997, se retomó bajo el nombre de Jornadas de Estudios Flamencos, continuando su andadura hasta hoy. Como vemos, se adelanta la Peña a los Congresos de Actividades Flamencas, jugando además un papel protagonizado een su creación, que tuvo lugar en 1972 bajo la organización conjunta de la Peña y Radio Juventud.
Otro hito a destacar es el interés por conocer y conservar un rito antropológico y ancestral como la Fiesta de los Verdiales. Con unos orígenes difusos, en los que se encuentran reminiscencias griegas, fenicias y árabes, ha sido objeto de estudio desde los principios de la Peña Juan Breva, teniendo lugar la Semana de los Verdiales desde 1968 hasta hoy -el pasado mes de diciembre se celebró la XXXIII Semana de Verdiales- en la que las conferencias se alternan con las intervenciones de las diferentes pandas de nuestra provincia con sus tres estilos (Montes, Comares y Almogía), culminando con un pregón de la Fiesta.
A lo largo de esta andadura, la Peña ha ido formando una colección en la que destacan piezas como varios sombreros de verdiales regalados expresamente por distintas pandas, instrumentos como violines, platillos y panderos –como el regalado por el fiestero Enrique España- o la vara de alcalde de Antonio Fernández “Povea”, verdadero referente en el mundo de la Fiesta.
La labor de conservación de este patrimonio etnográfico llevada a cabo por la Peña es indiscutible, fomentando tanto el mantenimiento de la Fiesta en sí como el conocimiento y estudio de este fenómeno primigenio del folclore malagueño.
Independientemente de estos actos, abierto al público que lo desee, cada martes tiene lugar en la sede de la Peña la sesión de estudio. En ella uno de los consiliarios imparte una clase sobre algún tema predeterminado. Tras la exposición, se ilustra con cante y toque, bien en directo si hay oportunidad, bien mediante audición de discos, con posibilidad de formular cuestiones y crear el debate al cabo de la escucha. Esta última concreción hace que la sesión forme parte también de la máxima Propagar enseñando, ya que a la vez que se continúa aprendiendo se divulga y por tanto se conserva.Velar por la Pureza. Esta ha sido una de las preocupaciones principales del mundo flamenco desde que se diera a conocer masivamente en 1922 con el I Concurso de Cante Jondo de Granada.
La Opera flamenca fue la pionera en añadir al Flamenco nuevas variaciones vocales y musicales que le acercaban mucho a la copla, llegando a deformar estilos que se encontraban asentados. Este fenómeno de unos 30 años de duración (1920-1950 aproximadamente) y que logró llevar el Flamenco a los teatros y locales de gran aforo, convivió con el Flamenco más puro y, aunque lo dejó en un segundo plano, a la larga fue superado. Después de esta experiencia, los amantes del cante jondo procuraron mantener la pureza, y así lo vemos en la Peña Juan Breva.
Hoy, el auge de lo comercial han descubierto un gran caudal en la fusión de distintas músicas, entre ellas y con especial predominio, el Flamenco, y han convenido en llamarlo “Nuevo Flamenco”, distando mucho de ser esto último, por lo que de nuevo se abre la necesidad de cuidar mucho la esencia. No cabe duda de la fortaleza del Flamenco, y precisamente es su calidad de arte vivo la que da lugar a estas fluctuaciones y su consiguiente superación.
Respecto al “Nuevo Flamenco” entramos en la secular confrontación de lo nuevo y lo viejo, si lo nuevo en antónimo de viejo, la palabra “antiguo” escapa al conflicto léxico, ya que “antiguo” supone lo clásico, lo esencial a un proceso, mientras que lo viejo es lo desfasado, lo superado por una muda de este proceso.
En el Flamenco, lo puro es lo antiguo que no lo viejo, por lo que no caben novedades que escapen al canon. En esta línea, y en nuestro afán de presentar la evolución de lo flamenco respecto a otras artes
De ella y aderezada con los términos “maestro”, “escuela”, “seguidores” e “imitadores”, podemos llegar en esencia a algunos de los texto de González Climent. En esta línea podemos señalar los paralelismo de la división jerárquica entre artes mayores y menores, división superada hoy en día, y que puede compararse con la de cante grande y cante chico.
Para lograr la pervivencia de lo puro, la Peña de Juan Breva se vale no solo de las secciones y semanas de estudios, sino lo intente promulgar a través de concursos. En ellos se ha incidido en los cantes malagueños. El primer concurso que organiza tiene lugar en Vélez Málaga en julio de 1959, en homenaje a Juan Breva y estaba dividido en tres grupos: Malagueñas, cante grande y cante chico. Pero no será hasta julio de 1962 cuando tenga lugar el I Gran Concurso de Cantes de Málaga, a él acudieron cantaores de toda España que preparaban nuestros cantes más vernáculos: jabegotes, jaberas, rondeñas... Este concurso contó con nueve ediciones hasta 1988.
Otra parcela donde la Peña busca la pureza es en las fuentes, es decir los registros sonoros de la Historia del Flamenco, y es que una de las peculiaridades del Flamenco está en la figura del creador, entendiendo a éste como un artista que mediante su técnica conforma una variante e incluso un estilo o palo (Malagueña de “La Trini”, Cantes de Juan Breva, Tangos de “La Repompa”, Cantes del “Piyayo”, Fandangos de “Macandé”...) La Peña de Juan Breva, con los más de 5000 ejemplares de su fonoteca, de los cuales 2000 son de placa de pizarra, muestra gran interés por las fuentes.
Propagar enseñando:
Algo que distingue a la Peña es su labor divulgativa y de difusión del Flamenco. Desde su declaración de principios destaca este punto: fomentar la afición al flamenco, que del conocimiento nace la apreciación. La base de las Semanas de Estudio Flamencos y de las secciones de estudio de los martes es ésta, enseñar, crear afición desde el conocimiento a nivel teórico. La difusión traspasa el ámbito estrictamente flamenco y llega a la universidad, al alcance de todos los estudiantes mediante el Aula de Flamencología que la Peña crea en colaboración con la Universidad malagueña por medio de Domingo Sánchez-Mesa[5]. El primer aula tiene lugar en 1978.
En el ámbito de la Peña, la idea de crear un órgano de difusión hizo que algunos socios, con el pintor Eugenio Chicano y el crítico Gonzalo Rojo[6] a la cabeza, pusieran en marcha el proyecto de los cuadernos de cante jondo Bandolá, un medio que se presenta como una apuesta por el estudio científico flamenco, así como una exposición de poesía y arte. No podemos obviar la influencia formal de la malagueña revista Litoral, que nació para propagar la poesía más nueva de aquellos tiempos (Generación del 27). Otro órgano de difusión es el cartel. La Peña ha sido una auténtica mecenas del cartel, forma que por su carácter efímero, ya que su vigencia acaba con el evento anunciado, no ha gozado siempre de la consideración artística desde la propia Historia del Arte y la crítica, unido a la fragilidad de su soporte físico ( papel ), ha hecho que gran parte de ellos se perdieran. La Peña le ha otorgado gran valor al cartel, formando una estupenda colección y sobre todo, una producción de carteles de gran interés artístico.Un porcentaje muy elevado de carteles creados por la Peña de deben al pintor y socio fundador Eugenio Chicano. Su innegable calidad lo llevó a representar a España en la Bienal de Venecia de 1982. en la Málaga actual son pocos los autores que tienen cabida en el cartel más ortodoxo, y es que Chicano es el primero de ellos. Méritos que lo han llevado a plasmar en cartel la Feria de Agosto, el Carnaval de Málaga y la Semana Santa, entre otros eventos, destacando los flamencos. Por éste y otros motivos se puede decir que es el heredero de la cartelística malagueña del siglo XIX, que floreció al abrigo de la Revolución Industrial, con sus etiquetados para pasas y otros productos de las viñas malagueñas.
En la selección de carteles para esta exposición queda reflejada la maniera artística de Chicano, quien nunca separa el cartel de su producción pictórica. Al contrario de la veta más expresionista que representan Moreno Galván[8], Povedano o Juan Valdés, en Eugenio Chicano observamos la figuración de vanguardia que, junto a Eduardo Arroyo y el Equipo Crónica, hizo posible destacar el Pop español. Al margen de la labor cartelística, Chicano colaboró en felicitaciones navideñas, ilustraciones de folletos, programas e invitaciones...A parte de Chicano hay otros testimonios artísticos vanguardistas como Enrique Brinkmann, Gabriel Alberca[9] o Paco Hernández entre otros. Todos ellos muestran diferentes miradas artísticas hacia el Flamenco, lo que elimina las equivocadas asociaciones costumbristas y rancias que el arte más conservador provoca.. estos son algunos de los artista que la Peña elige para que marquen la línea creativa. Otras veces, la Peña se sirve de reproducciones de obras de artistas que considera pueden expresar su concepción y su posición ante el arte. Así un dibujo de José Moreno Villa ilustró el programa de la I Semana de Estudios Flamencos en 1963.
Junto a Moreno Villa, otra de las fuentes tanto para ilustraciones como para poesía que ha usado la Peña Juan Breva es la de Federico García Lorca, cuya personalidad ha sido referente no solo para la Peña Juan Breva, sino para el mundo del Flamenco. En España, la nobleza y la intelectualidad se han sentido fascinadas por lo popular. En el mundo del Flamenco no han sido pocos los mecenas de linaje que han respaldado a conocidos artistas.
Los miembros de la Generación del 27 unieron a su producción poética y artística un conocimiento profundo de lo popular, donde el Flamenco gozó de una enorme importancia, como queda reflejado en los lorquianos "Poema del cante jondo" y "Romancero Gitano" del que la Peña conserva una primera edición.
Si nos hemos referido a la poesía, con respecto a la música podríamos citar la figura de Manuel de Falla, pues desde nuestra mirada pro-flamenca, insistiremos en la imagen de Falla como el primer músico flamenco. En 1922 se lleva a cabo en Granada y bajo el auspicio de Falla y Lorca el I Concurso de cante jondo, evento que marcará históricamente el paso del Flamenco como arte popular a arte culto.
Los lazos entre la Peña Juan Breva y la figura de Lorca llegaron al punto de ser depositaria de una guitarra que había sido propiedad del poeta granadino, formando temporalmente parte de la magnífica colección de la Peña, cuyo número y calidad es tan amplio que permite una selección según diferentes principios ( autores, escuelas, cronología, propietarios ).
Asimismo, la Peña ha ejercido un gran papel matrimonial en cuanto a la conservación y restauración de esta colección de guitarras.
El campo de la docencia ha estado presente dentro de la Peña Juan Breva, donde las clases de guitarra y también de baile, han permitido crear una cantera de artistas que en su mayoría, han prosperado en el mundo del flamenco.
La Peña Juan Breva, por su relación con los artistas flamencos, atesora objetos de un gran valor tanto sentimental como histórico. También posee gran número de fotografías que vienen a ser la única representación conocida de algunos artistas. Muchas de estas fotografías están dedicadas y autografiadas por los propios artistas. Hay fotografías en blanco y negro, en color, iluminadas. En definitiva, la evolución de la Historia de la Fotografía a través del Flamenco. Algo parecido ocurre con la tecnología, pues podemos ver la evolución de soportes y métodos para la audición[10].
Todo lo recogido en esta exposición la convierte en heterogénea y multidisciplinar. No es extraño encontrar publicaciones y obras de estudio acerca del Flamenco, imágenes, retratos o fotografías que las ilustren y provengan de la Peña Juan Breva. Tampoco es extraño leer artículos y estudios sobre Flamenco firmados por algunos de los integrantes de esta Peña, ni asociar directamente la Peña Juan Breva con los Congresos del Flamenco.

Ya no es extraño, por tanto, pensar que las Memorias de la Peña Juan Breva son la Memoria del Flamenco.

Artículo tomado de la página www.juanbreva.com 
Foto Archivo FeM

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