Me contó Rafael Calderón que mozo que tenia una novia un poco casquivana y le hizo una trastada con otro, dicha novia tenia un pasero de uvas y de higos, al cual cuidaba con esmero, pues bien en el pasero fue tomar venganza el mozo despechado, lo pataleo y se hizo una de las suyas en él. A los pocos días en una fiesta le cantó esta coplilla:
Si en el pasero te encuentras
alguna cosita extraña,
es pa que tengas en cuenta
de que a un hombre no se engaña.
A lo que ella respondió:
Lloré y sentí desconsuelo
y pensé que era el destino,
pero al escuchar al fiestero
ya sé quién ha sio el cochino,
que se cagó en el pasero.
En otra ocasión y en otro lugar, un mozo farolero, pero buen cantaor y" levantao de coplas", después del juego delos guiños, las miradas y las avellanas, con una moza le cantó esta copla para citarla:
Bajo el pino piñonero
que tiene al lado un laurel,
esta noche yo te espero
para darte mi querer,
y si no vienes me muero.
Ella fue a la cita, pero él no compareció, cuando paso la hora, ella regresó a la fiesta y en la primera ocasión le cantó de esta manera:
Puse el pájaro en el pino
al laito del laurel,
como tiene el cante fino
piñoneo y dio de pie,
pero el del campo no vino.
Me contó Antonio "Povea" que: Antonio Calderón invito a unos cuantos fiesteros a la matanza, la cual se efectuaría el domingo próximo, pero el sábado por la tarde empezaron a llegar fiesteros, y comenzaron a tocar como es lógico. Lo malo fue que no estaba prevista la cena para tanta gente, por lo que Antonio busco en la despensa y saco un buen trozo de tocino, que con pan en cantidad y regado con vinillo de los Montes aplacó el hambre a los inesperados Fiesteros.
No debió de gustarle mucho la cena a Luis Gamez, pues al iniciar de nuevo la fiesta cantó esta coplilla alusiva al tema:
He venio a los Verdiales
de noche y por mal camino,
a casa de Calderón
a comer pan con tocino.
Antonio Calderón, buen levantao de coplas y hombre de palabra fácil y amena, - no en vano le llamaban "Castelar", le respondió de inmediato de esta forma:
Si has comio pan con tocino
buen provecho y a callar,
que mañana si Dios quiere
otra cosa comerás.
Y así fue, al día siguiente con mucha guasa le pusieron a Juan Medina un aparejo de caballería, con unas aguaderas llenas de fiambres, golosinas, botellas de aguardiente y vino en cantidad. Y según cuentan fue ¡soná!
Cuentan que , una vez le llevaron una fiesta a Andrés Gamez a su casa, pero ya cuando el Sol apuntaba, Andrés Gamez se levanto de la cama con aquellos calzoncillos que se ataban a la pantorrilla, los pelos tiesos y el bigote revuelto, y de momento se agarro al pandero y se liaron de fiesta.
Su mujer, que se había levantado, también estaba sorprendida y sin saber que hacer, y él le cantó esta coplilla para animarla:
Trae la botella aguardiente
los roscos y los mantecaos,
y dale un duro a estas gente
que a mi se me había olvidao.
Solamente de Andrés Gamez, podría escribirse un libro.
Estábamos en los preámbulos del festival verdialero que se celebra en el Puerto de la Torre en las proximidades de San Juan. Durante la espera para el comienzo tenían puesta música en el megáfono, pero música de sevillanas. Le pregunte a Paco Montiél Olmedo, _"Chavarria" entre los fiesteros - que como le parecía el fondo musical que habían puesto, y el me contesto así: "Mira Andrés, a mi las sevillanas me gustan, pero cada cosa quiere su sitio. Esto es como si te invitan a una matanza y te ponen de comer pescao frito”.
Cuentan que, Manuel Calderón González- que fue un violinista incomparable con una melodía exquisita, la cual muchos han querido imitar sin conseguirlo, - le hacia de hablar al violín de tal manera, que siendo novio de su mujer, los suegros no lo querían mucho y cuando no podía llegar a la casa, desde la loma de enfrente le decía a la novia con el violín lo que quería, y ella lo entendía perfectamente. El suegro al oírlo decía siempre "Ya está ahí el "Chachafí", y con "chachafí" se quedo.
José Luis Peña Kind, verdialero de vocación tardía, pero de los que pierden los papeles por la Fiesta, afición que le inculco su suegro José Gutiérrez "El Luiso" y Paquita su mujer. Tiene tal manía con encontrar platillos antiguos que según cuenta hasta sueña con ellos.
Dice que un día en sueños le dijeron que en Málaga, en la calle Jaboneros había una mujer que vendía platillos y él sin pensarlo dos veces fue a ver a la señora, y era cierto dicha mujer le saco una cesta llena de los mejores platillos que había visto en su vida.
Dice que le preguntó que cuanto quería por ellos y la señora le pidió quinientas pesetas por todos, y él dijo: “Mío son”.
Pero en ese momento se movió Paqui su mujer y lo despertó, dejándolo sin platillos.
Cuentan en Comares, que José “Malandingo” además de buen fiestero era un hombre con muy buen humor y muy buenos golpes, era también levantaor de coplas, dicen que un día bajo al corral, a recoger los huevos de las gallinas, pero no havia puesto ninguna, solo una estaba al poner, con su casacha habitual se salió a la puerta a esperar que esta pusiera, estando en la puerta paso un vecino y le saludo de esta manera –José que hay- y José le contesto con esta copla:
Nadie en el mundo adivina
lo que a mí me esta pasando,
aquí estoy hecho un pamplina
en esta esquina esperando,
a que ponga una gallina.
En otra ocasión, dicen que venia de hacer unos madaos entre los cuales llevaba hasta medicinas para la mujer que estaba malilla, llegó al bar a tomar una copilla y havia allí una reunión de amigos, con una medio fiesta organiza, de momento empezaron a comprometerlo para que se agarrara con ellos. –Venga José vamos a echar un ratito de Fiesta- y él después de pensarlo un poco dijo:
¡Bueno vamos a echar un rato, pero más de tres días no estoy.!
Andrés Jiménez Díaz, de su libro "Coplas, cosas y sentires verdialeros".
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